El 32º Certamen de Calidad confirma la madurez de una denominación que ha convertido su patrimonio vitícola, la innovación y la defensa del territorio en los pilares de su creciente prestigio nacional e internacional.

Hay denominaciones de origen que se distinguen por la calidad de sus vinos y otras que, además, consiguen transmitir una identidad propia capaz de emocionar al aficionado. La DOP Jumilla pertenece a este segundo grupo. Sus vinos no solo expresan una forma de elaborar, sino también un paisaje, una cultura y una historia que hunde sus raíces varios milenios atrás.

Hablar de Jumilla es hablar de la Monastrell, de viñedos que desafían la aridez del clima mediterráneo continental, de cepas viejas que han sobrevivido al paso del tiempo y de viticultores que han sabido transformar unas condiciones aparentemente adversas en una de las grandes fortalezas de esta tierra.

El reciente 32º Certamen de Calidad de los Vinos DOP Jumilla ha vuelto a poner de manifiesto ese excelente momento. Más allá de las medallas concedidas, el concurso ha servido para confirmar la extraordinaria evolución técnica de las bodegas y el creciente reconocimiento que están alcanzando sus vinos dentro y fuera de nuestras fronteras.

Las sesiones de cata se desarrollaron los días 16 y 17 de junio en el Ayuntamiento de Fuente-Álamo, donde un jurado compuesto por doce especialistas —sumilleres, enólogos, comunicadores y expertos en análisis sensorial— evaluó cerca de 150 referencias mediante rigurosas catas completamente a ciegas. Como complemento al certamen, los participantes visitaron una viña vieja de Monastrell en Montealegre del Castillo para conocer sobre el terreno la influencia de los suelos calizos que caracterizan a esta denominación.

Mucho más que un palmarés

Cuando un concurso alcanza treinta y dos ediciones es porque detrás existe una sólida credibilidad. En el caso del Certamen de Calidad de la DOP Jumilla, esa confianza se sustenta en el rigor de las catas, en la toma oficial de muestras directamente en las bodegas y en un sistema de evaluación que únicamente distingue a los vinos capaces de alcanzar la excelencia.

Sin embargo, centrar toda la atención exclusivamente en las Medallas de Oro sería simplificar la realidad que vive la denominación. El verdadero dato relevante de esta edición es que 28 vinos consiguieron superar los 90 puntos, reflejo del elevado nivel medio alcanzado por las elaboraciones presentadas.

Solo los dos mejores clasificados de cada categoría obtuvieron la Medalla de Oro, pero el conjunto de vinos que superó esa barrera confirma que Jumilla atraviesa uno de los momentos más brillantes de su historia reciente.

Uno de los grandes protagonistas volvió a ser Bodegas Luzón, cuyo Luzón Colección Monastrell Ecológico 2025 consiguió la Medalla de Oro en la categoría de tintos sin madera y recibió además las menciones especiales al Mejor Vino Monastrell y al Mejor Vino Ecológico del certamen. También firmaron una actuación sobresaliente Bodegas Alceño, Bodegas San Dionisio y Bodegas Bleda, con dos Medallas de Oro cada una. Completaron el cuadro de honor Bodegas Salzillo, Bodegas Delampa, Bodegas Carchelo y Bodegas BSI, cuyo histórico Lacrima Christi volvió a ser el vino con la mayor puntuación absoluta del concurso.

Los 28 vinos que superaron los 90 puntos

El excelente nivel mostrado durante las catas quedó reflejado en la puntuación final del jurado. Estos fueron los vinos que alcanzaron o superaron los 90 puntos en el 32º Certamen de Calidad de la DOP Jumilla.

Blancos

  • Alceño Sauvignon Blanc Fermentado en Barrica 2025 — Bodegas Alceño (Medalla de Oro).
  • Mainetes Blanco Verdejo Fermentado en Barrica 2025 Ecológico — Bodegas San Dionisio (Medalla de Oro).
  • Gemina Chardonnay Fermentado en Barrica 2024 — Bodegas BSI.
  • Finca Monastasia Pie Franco Blanco 2024 — Finca Monastasia.

Rosados

  • Señorío de Fuente-Álamo Rosado Monastrell 2025 Ecológico — Bodegas San Dionisio (Medalla de Oro).
  • Alceño Rosado 2025 — Bodegas Alceño (Medalla de Oro).
  • Luzón Colección Rosado Ecológico 2025 — Bodegas Luzón.
  • Ribera del Segura Rosado 2025 — Bodegas Alceño.

Tintos sin madera

  • Luzón Colección Monastrell Ecológico 2025 — Bodegas Luzón (Medalla de Oro).
  • Hacienda Salzillo Monastrell 2025 — Bodegas Salzillo (Medalla de Oro).
  • Señorío de Fuente-Álamo Tinto Monastrell Ecológico 2025 — Bodegas San Dionisio.
  • La Cueva del Tío Amable 2025 — Bodegas Xenysel.
  • Ribera del Segura Monastrell 2025 — Bodegas Alceño.
  • Olivares Tinto 2025 — Bodegas Olivares.

Tintos con madera hasta 6 meses

  • Delampa Autor 2024 — Bodegas Delampa (Medalla de Oro).
  • Pino Doncel Black 2025 — Bodegas Bleda (Medalla de Oro).
  • Finca Luzón Roble 2025 — Bodegas Luzón.
  • Finca Monastasia Pie Franco Tinto 2024 — Finca Monastasia.
  • Luzón Colección Roble 2025 — Bodegas Luzón.
  • Mayoral Reservado 2025 — García Carrión 1890.

Tintos con madera de más de 6 meses

  • Origen de Luzón Syrah 2024 — Bodegas Luzón (Medalla de Oro).
  • Muri Veteres Viñedos Singulares 2022 — Bodegas Carchelo (Medalla de Oro).
  • Alceño Selección 2020 — Bodegas Alceño.
  • Pino Doncel 12 Meses 2024 — Bodegas Bleda.
  • Torrepechi Tinto Crianza 2023 — SAT Venta de las Cuevas.
  • Mainetes Monastrell 12 Meses 2022 — Bodegas San Dionisio.

Vinos dulces

  • Lacrima Christi — Bodegas BSI (Medalla de Oro).
  • Amatus 2023 — Bodegas Bleda (Medalla de Oro).

La relación de estos 28 vinos permite apreciar no solo el extraordinario nivel de los ganadores, sino también la amplitud y diversidad de una denominación que sigue creciendo en calidad, personalidad y reconocimiento.

La Monastrell sigue escribiendo la historia de Jumilla

Si existe una variedad capaz de definir el carácter de una denominación, esa es la Monastrell. En Jumilla no es únicamente la uva mayoritaria; constituye el auténtico hilo conductor de una cultura vitivinícola que ha sabido evolucionar sin perder sus raíces.

A lo largo de los últimos años he tenido la oportunidad de catar centenares de vinos elaborados con Monastrell en concursos nacionales e internacionales y la transformación resulta evidente. Las bodegas han dado un importante salto cualitativo, apostando por una interpretación mucho más precisa de la variedad. Hoy predominan vinos donde la fruta conserva todo su protagonismo, pero aparecen también mayor frescura, equilibrio, finura y una expresión mucho más fiel del viñedo del que proceden.

Esta evolución responde al enorme trabajo realizado tanto en el campo como en la bodega. La selección de parcelas, el control de la maduración, las vendimias en el momento óptimo y unas elaboraciones menos intervencionistas permiten que cada vino refleje con mayor autenticidad el paisaje del que nace.

El viñedo viejo: un patrimonio irrepetible

Uno de los mayores tesoros de la DOP Jumilla es la conservación de su viñedo viejo. Muchas de sus cepas superan ampliamente el medio siglo de vida y una parte muy significativa permanece plantada a pie franco, algo excepcional dentro del panorama vitivinícola europeo.

Estas viñas producen menos uva, pero ofrecen frutos de extraordinaria concentración y complejidad, capaces de dar lugar a vinos con profundidad, elegancia y una personalidad difícilmente reproducible en plantaciones jóvenes.

No es casualidad que muchas de las referencias más prestigiosas de la denominación procedan precisamente de estos viñedos históricos. Preservarlos supone proteger un patrimonio agrícola, cultural y paisajístico que difícilmente podría recuperarse si desapareciera.

Un certamen que conozco desde dentro

He tenido el privilegio de formar parte del jurado del Certamen de Calidad de la DOP Jumilla en distintas ediciones, una experiencia que me permite valorar con perspectiva la evolución que ha experimentado este concurso y, sobre todo, la extraordinaria progresión de los vinos de la denominación.

Siempre he considerado este certamen uno de los más rigurosos del calendario vitivinícola español. La toma oficial de muestras directamente en las bodegas, las catas completamente a ciegas y la elevada exigencia para alcanzar las máximas puntuaciones convierten este concurso en un magnífico reflejo del verdadero nivel de la DOP Jumilla.

Precisamente por ello resulta especialmente significativo comprobar cómo, edición tras edición, aumenta la calidad media de los vinos presentados. Ya no sobresalen únicamente los grandes tintos de crianza. Blancos, rosados, vinos jóvenes y dulces muestran una evolución constante que confirma la excelente madurez técnica alcanzada por las bodegas.

Una denominación que sabe adaptarse a los nuevos tiempos

La Jumilla de hoy poco tiene que ver con la imagen que muchos consumidores conservaban hace apenas dos décadas.

La apuesta decidida por la viticultura ecológica, la recuperación de viñedos históricos, la valorización de la Monastrell, el desarrollo de vinos de parcela y la búsqueda de una mayor identidad territorial están marcando el presente de la denominación.

A ello se suma una nueva generación de enólogos y viticultores que combina el respeto por la tradición con una sólida formación técnica, permitiendo elaborar vinos cada vez más precisos y competitivos sin renunciar a su personalidad mediterránea.

El consumidor actual busca autenticidad, origen y sostenibilidad, y Jumilla ha sabido interpretar esa demanda con una oferta capaz de satisfacer tanto al aficionado como al profesional.

El enoturismo como puerta de entrada a Jumilla

Descubrir la DOP Jumilla significa mucho más que visitar una bodega o participar en una cata.

El visitante encuentra un territorio donde el vino convive con un importante patrimonio histórico, cultural y gastronómico. Las bodegas han realizado una firme apuesta por el enoturismo mediante visitas guiadas, experiencias entre viñedos, catas comentadas, actividades culturales y propuestas gastronómicas que permiten comprender la estrecha relación existente entre el paisaje y el vino.

El Museo del Vino, las Fiestas de la Vendimia, los viñedos históricos, la riqueza arqueológica y una cocina profundamente ligada al producto local convierten a Jumilla en uno de los destinos enoturísticos con mayor personalidad del sureste español.

Defender el paisaje es defender el futuro del vino

Uno de los mensajes más relevantes que ha dejado esta edición del Certamen de Calidad trasciende los premios concedidos.

El sector ha vuelto a reivindicar la necesidad de preservar un paisaje que constituye la esencia misma de la denominación. Los suelos calizos, el cultivo tradicional, las cepas viejas y el equilibrio ambiental forman parte del patrimonio que da identidad a los vinos de Jumilla.

Proteger ese territorio significa preservar una forma de vida, una cultura agrícola y un legado que comenzó hace más de cinco mil años con los primeros cultivos de vid documentados en esta comarca. El vino no puede entenderse sin el paisaje que lo hace posible.

Jumilla ha dejado de ser una promesa

Después de muchos años siguiendo la evolución de esta denominación, puedo afirmar que la DOP Jumilla atraviesa uno de los momentos más ilusionantes de su historia.

La combinación de viticultores comprometidos, bodegas cada vez más preparadas, una Monastrell que continúa alcanzando nuevas cotas de calidad y un patrimonio vitícola excepcional sitúan hoy a Jumilla entre las regiones más dinámicas del vino español.

El 32º Certamen de Calidad no hace sino confirmar una realidad que quienes seguimos de cerca esta denominación venimos observando desde hace tiempo: Jumilla ha dejado de ser una promesa para convertirse, por méritos propios, en una referencia imprescindible del panorama vitivinícola nacional e internacional.

Porque detrás de cada botella no solo hay uvas y vino. Hay historia, paisaje, conocimiento, esfuerzo y el trabajo silencioso de miles de personas que han hecho posible que esta tierra ocupe hoy el lugar que merece entre las grandes regiones vinícolas de España.

Y bien sabéis algunos que se me da bien cantar como catar, solo puedo añadir para finalizar:

¡Jumilla, Jumilla, Jumilla, Jumilla y que viva el vino de Jumilla!